Periodismo y narración

Periodismo y narración

Relatar, según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), es dar a conocer un hecho. Por su parte, el periodismo es un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta. (Eloy Martínez, 1997; 3) Por este solo hecho, el periodismo debería ser materia de cada día en la vida de una ciudadanía informada.

Una ciudadanía-juez, implicada dentro de la toma de decisiones colectivas. Una ciudadanía-jurado, encargada de castigar a quienes no respondan con honradez y compromiso a los encargos públicos. Sin embargo, a comienzos del siglo XXI, la revolución de las nuevas tecnologías y la nueva organización económica a que han dado pie generan nuevas oportunidades, pero también amenazan a una prensa vigilante e independiente. (Kovach y Rosentiel. 2003; 174)

El periodismo actual se enfrenta a la inserción de la lógica mercantil-empresarial a las salas de redacción. La hechura noticiosa se encuentra al servicio del consumo masivo e irreflexivo que proponen las redes sociales y el internet. La inmediatez ha provocado que el periodista del siglo XXI encuentre noticias en un parpadeo. Camus, en 1944, ya lo advertía: “se quiere informar rápido en lugar de informar bien, y la verdad no sale ganando con ello”. (Ramonet, 2011; 19)

El reto del periodismo en el siglo XXI es encontrar en la narración el método para oponerse a la dictadura de la información ligera. Así como el zapping amenazaba los contenidos culturales en el boom televisivo, de la misma manera el scrolling advierte que, de no ganar la atención del lector en unos segundos, se perderá para siempre.

Ante ello, debe retomarse lo planteado por Eloy Martínez, cuando afirma que las noticias mejor contadas son aquellas que revelan, a través de la experiencia de una persona, todo lo que hace falta saber. (1997, 2) La creatividad del periodista no está peleada con la tecnología. El reto consiste en diseñar una narrativa poderosa, atrayente, que, al mismo tiempo, deleite con su forma, pero reivindique el fondo.

El periodismo del siglo XXI debe ser la simbiosis perfecta entre creatividad y síntesis. Ante la erosión de la credibilidad, en la que los ciudadanos desconfían de una prensa perteneciente a un puñado de oligarcas que controlan además en buena medida el poder económico y que actúan, a menudo, en connivencia con los poderes políticos (Ramonet 2011; 42); es necesario recurrir al periodismo serio, comprometido, eficaz.

El lenguaje del periodismo futuro no es una simple cuestión de oficio o un desafío estético. Es, ante todo, una solución ética. Según esa ética, el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector sino, ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la realidad, entender el por qué y el para qué y el cómo de las cosas con el deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez. (Eloy Martínez, 1997; 5)

Resulta fundamental retomar el valor del periodismo basado en el asombro, apoyado en la investigación, sustentado en la comprobación de datos y adornado con la belleza de la lengua española. Ante los discursos de odio y las democracias autoritarias que se están formando en diversas partes del mundo; el periodismo tiene la obligación de retomar sus bases e involucrar a la ciudadanía a través de narraciones que impacten y fomenten el seguimiento y la rendición de cuentas.

Bibliografía

  • Kovach, Bill y Tom Rosentiel (2003) Los elementos del periodismo. Ediciones El País. Madrid, España.
  • Ramonet, Ignacio (2011) La explosión del periodismo. De los medios de masas a la masa de medios. Madrid, España.
  • Eloy Martínez, Tomás (1997) Periodismo y narración: desafíos para el siglo XXI. Conferencia pronunciada ante la asamblea de la SIP el 26 de octubre de 1997, en Guadalajara, México

Óscar Cuevas es Licenciado en Política y Gestión Social por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-X) y en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM-CU). Es experto en campañas políticas, estrategias de posicionamiento y análisis de asuntos públicos.