Lecciones de la pandemia: la importancia de la ciberdiplomacia

Lecciones de la pandemia: la importancia de la ciberdiplomacia
Photo by Ravi Sharma on Unsplash

La diplomacia es un término que se encuentra en constante transformación y que se ha adaptado a distintos momentos históricos. La diplomacia tradicional es definida como la actividad del Estado de representar, negociar y comunicar sus intereses con otras naciones y organizaciones internacionales.[1] Hacia finales de la década de los 90, como resultado de la revolución tecnológica y de la información, la diplomacia pasó de ser un ejercicio hermético y elitista a un ejercicio online, cada vez más participativo y multidireccional.

El cambio en el paradigma de la comunicación redefine la ciberdiplomacia como una diplomacia social, que acerca la política exterior a los ciudadanos.[2] Ante las condiciones mundiales de la pandemia, se acentuó la necesidad de mantener una comunicación directa, inmediata y cercana no sólo con actores internacionales sino también con los mismos ciudadanos. Gracias a que las redes sociales fungen como espacios virtuales de diálogo y acceso a la información, embajadas, consulados y otros organismos e instituciones dedicados a la diplomacia y a la política exterior han mantenido una comunicación social más estrecha y cercana.

Si bien la ciberdiplomacia es un fenómeno que comenzó a desarrollarse a principios del presente siglo, la pandemia impactó sobre ella en dos sentidos: (a) aceleró el uso de herramientas digitales para la comunicación y (b) reafirmó el papel de la ciberdiplomacia como una herramienta crítica en la creación de una buena reputación, gobernanza y comunicación cercana. Ello, principalmente, por las siguientes tres razones: 

Primero, la comunicación oficial del Estado se tornó clave durante la crisis sanitaria, pero, sobre todo, su apoyo en herramientas digitales para alcanzar diversas audiencias. Estados de todo el mundo se vieron en la necesidad de acelerar el traslado de su comunicación a las redes sociales a través de diferentes tácticas como la transmisión de conferencias de prensa diarias en diferentes plataformas digitales para informar sobre las medidas sanitarias implementadas, el desarrollo de la pandemia, y,  posteriormente, acerca de sus planes de vacunación.

Segundo, el objetivo de la comunicación no fue solo informar sino también apoyar a las poblaciones afectadas por las restricciones de viaje y desplazamientos manteniendo una comunicación más directa. Por ejemplo, la diplomacia consular optó por el uso de canales digitales y aplicaciones basadas en robots para comunicarse con connacionales varados o necesitados de ayuda. Asimismo, los canales digitales sirvieron para colaborar con gobiernos de otros países para encontrar soluciones conjuntas. Ambas acciones no sólo sirvieron como herramientas de difusión de información y acercamiento a la ciudadanía, sino también contribuyeron a crear y administrar la imagen de los Estados sobre su capacidad para manejar crisis.

Tercero, ante una emergencia como la actual, en donde las manifestaciones tradicionales no son una opción, las redes sociales han actuado como canales de comunicación multidireccionales en los que la sociedad civil visibiliza sus demandas, busca que sean reconocidas y, así, incidir en la toma de decisiones. Un caso reciente son las distinas acciones llevadas a cabo en el marco del Día Internacional de la Mujer, las cuales tuvieron un enfoque híbrido entre la toma de las calles y la toma de las redes sociales (por ejemplo, publicándose consignas en el chat de la transmisión en vivo de la conferencia matutina del Presidente).  

En resumen, la transformación de la comunicación online ha permitido que el público objetivo de un estado no sean únicamente los estados con los que se desea mantener una relación diplomática, sino también con sus propios ciudadanos y los de otras naciones del mundo. La aceleración en el uso de herramientas digitales para la comunicación ante la pandemia demostró que es imperativo que los Estados dediquen recursos a construir una estrategia digital sólida. Es por ello, que la ciberdiplomacia debe ser prioritaria en la construcción de la llamada “marca-país” de los propios estados, y, sobre todo, construir puentes de comunicación con su gente.[3]


[1] Manfredi Sánchez, J. L. 2014. Taxonomía de la diplomacia digital en la agenda de las nuevas relaciones internacionales. Historia y Comunicación Social. Vol. 19. Página 344.

[2] Keil, I. B. (s. f.). Los efectos directos de las redes sociales en la política exterior de los gobiernos, estudio de caso: España. Página 47.

[3] Ibid, 933


Daniela Zamora es Internacionalista por Lewis & Clark College en Portland, Oregon. Tiene experiencia en ONGs e investigación en temas de género y seguridad.



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